Tuesday, September 8, 2009

"El Ser en Socialidad" Publicado en Revista Phsyké Edición Especial Octubre.

Por: Say No More

La aparición de un nuevo modus operandi en la sociedad, de una forma distinta de canalizar la interacción social, ha causado cierta controversia en los círculos intelectuales, donde detractores y panegiristas deleitan con sus discursos, adecuadamente estructurados, las corrupciones y bondades de la Internet[1]. Sin embargo, debemos remitirnos a una visión prismática, y menos tajante, enfatizada en la proyección del instrumento sobre el mundo, donde el individuo, como un haz de luz, toca el prisma, y éste, a su vez, refracta la luz de acuerdo al ángulo de incidencia, a la manera de acercarnos a las nuevas tecnologías; acción que por ende, es gregaria y dependiente, donde internet no puede existir como medio globalizante sin una comunidad que conectar, ni nosotros podemos existir como sociedad globalizada sin sus aplicaciones, que desdibujan las nociones de tiempo y espacio euclidianas, que nos vinculen. Ahora, sí es de nuestra incumbencia estudiar las repercusiones, las cuales abordaremos en dos momentos, el primero en tanto intervienen en la formación de percepción del ser, dentro de las generaciones venideras, pues subvaloran el encuentro corpóreo como afección engendradora de aprehensión de mundo, ocasionando el traspaso del poder social del hombre a un medio, y en una segunda instancia, el bloqueo del efecto físico, hablando desde la física cuántica en este caso, que sólo es consecuencia viable de la interpolación de cuerpos, tergiversando, en tal interrupción, la constitución del ser per se.

La idea de mundo, la construcción de significaciones en un niño, se hace posible, a través de la comparación entre lo que se le enseña es una casa, por ejemplo, y la observación física de una estructura socialmente atada al concepto de casa, así, como sólo se cuestiona el niño los elementos que tiene alrededor en tanto se encuentra en contacto directo con él, y es mediante ese cuestionamiento que afloran las preguntas por lo circundante, dándole cabida a la aprehensión de su mundo, y de este modo, la comprensión de su ser como parte de él. Sin embargo, con la aparición de la Internet, ese contacto se sucede entre el mundo y el niño, mediado por una pantalla, un oráculo apolíneo y/o dionisíaco, dependiendo del modo que se aborde el instrumento, que no lo interroga sobre su relación con el universo, sino que le da por hecho su posición en el mismo, entreteniéndolo, por lo tanto, bajo la socialidad virtual, o e-socialité, entiéndase Facebook, myspace, Hi5, etc., evadiendo su participación de la sociedad[2], lo cual, deviene en el traspaso del poder del niño, para darle forma a la sociedad, a la Internet, como medio que le de forma a su socialidad, escapándose así la concepción tras el tejido cultural que arraiga al hombre con su comunidad, no somos entonces ya un individuo en sociedad, sino una persona en socialidad, cuyas consecuencias son latentes pues estamos presenciando una pasividad en lo local, pero una gran actividad en la virtualidad global[3], como lo representarían las doscientos millones de personas usuarias de Facebook, y la vía en extinción de los movimientos estudiantiles concretos de un mayo del 68, por ejemplo.

Educados, entonces, bajo un sistema de la cosificación e integración, donde no se es como uno, no sólo cerramos la puerta al planteamiento de la pregunta por el ser, como Heidegger en su tiempo afirmaba a la cuestión del ser olvidada desde Parménides[4], sino que hemos desechado la pregunta como tal; no obstante, tampoco sería conveniente trazarnos la cuestión como el mismo Heidegger lo haría, porque él tendría su intención, en el sentido Husserliano de la palabra[5]. El llamado sería a contemplar el interrogante, a partir del sentido que la pregunta por el ser tendría desde nuestro coyuntura actual; empero, preferimos continuar bajo los parámetros socialmente establecidos, y damos las cosas por hechas y realizadas, dejándonos llevar por un medio, y no viceversa, que le niega el espacio al absurdo, en un universo en su mayoría irracional[6], y en esta vía, nuestra e-rutina se convierte en la prevalente cotidianidad que nos incita a empujar la piedra hasta el infinito, llevamos la piedra de la costumbre, del consumismo y el mercado, como la gran mano empoderada que nos evita la problemática del ser y la aprehensión autónoma de mundo. Mientras el ente no se pregunte por su ser seremos entes-cosas y nada más, no es tan etéreo ni tan distante como se tiende a ver este discurso ontológico, todo ser es ente, pero no todo ente es ser, y el ser es lo que permite al ente estar, sólo el ente que es consciente de su propia existencia y su propia absurdidad es.

En un segundo momento, entramos a observar el efecto corpóreo que se sucede en el encuentro con el Internet, en tanto es un medio que canaliza las fluctuaciones emocionales humanas provocadas por la posición, escritos, fotos, videos, emoticones, lecturas nigrománticas, etc., de otro o de un software, que, en ocasiones, pasa a personificar ese otro, a través de una ‘reacción instantánea’ plasmada en un comentario, o en “Qué tienes en tú mente?”o “Comparte un mensaje con tus contactos”, y por lo tanto, es tergiversada la energía potencial compleja del ser, al verse transformada en energía básica, en una simple descarga de baterías, cerrando la brecha a la comprensión de la mencionada energía vital. Lo anterior, simultáneamente, suprime la opción para el propio entendimiento de nuestros comportamientos, el porqué de ello; y en esto, se obstruye la oportunidad a la percepción de nuestro ser que se escapa y se sujeta a la visión del otro, reduciéndonos, nuevamente, a personas, no individuos, pues, en la socialidad, soy en tanto el otro me descubre[7].

Se nos ha enseñado, entonces, que nuestro cuerpo se compone de células, y estas a su vez de átomos, donde encontramos los protones, neutrones y electrones[8], cada uno con sus respectivas cargas, a saber, positivas, neutras o negativas; todo el universo se constituye de ellos, y el equilibrio depende de las fluctuaciones entre esas energías reales. Estos átomos, son el objeto de estudio de la física cuántica, ciencia que comprende los aconteceres del nano mundo, aclaro en este punto, hemos de mantenernos al margen de las interpretaciones divinas que se valen de esta ciencia como punto de apoyo, es claro que, ante lo inexplicable, Dios se convierte en la respuesta más sencilla de lo complejo, pero en ello no entraremos a discutir. Entre las teorías más polémicas que plantea la física del quantum, encontramos el Efecto Casimir, descubierto por Hendrick Casimir hace 50 años, el cual enseña que dos espejos uno frente a otro, recordando que las dimensiones en las que se hablan son nanométricas, en presencia de un vacío se atraen a raíz de la Fuerza Casimir vigente intermedio, esta fuerza es aquella ejercida en el ‘espacio’ que se produce al encarar los dos objetos, es decir, debido a la influencia del campo electromagnético actuante sobre tal espacio existente entre los mismos[9]. Ahora, qué sentido tiene traer este presupuesto físico a colación, básicamente lo mismo sucede con los cuerpos y la constitución del ser, donde sólo en la interpolación del encuentro[10], bajo la reverberación del campo socio-cultural, la energía se transforma y el ser se re-genera permitiendo el libre desarrollo del círculo que nos complementa; cuando se interactúa con un espacio de demanda ‘muerto’, como lo es Internet, un objeto cuya substancia como cuerpo modificante, difiere del cuerpo modificado, y el espacio se desvirtúa, pues las fuerzas pasan de su presencia física, a la ‘virtual’, lo que se produce es un desequilibrio, y el cuerpo modificante absorbe al cuerpo modificado, se superpone, y en tanto ello, el cuerpo modificado se inutiliza como uno, llevando su energía a un valor negativo, -1. Las consecuencias de convertirnos, no en ceros, sino en -1 son más palpables en el mundo hoy de lo que se creería, pues la pregunta por el sentido del ser ha pasado a un segundo plano, y el avatar se ha convertido en nuestro cuerpo modificado, imposibilitando al ser tomar conciencia de sí, en tanto no se es con el cuerpo, sino se es a través de un espacio donde la energía no fluctúa sino que se adormece; un avatar no emite más energía que la inyectada por nuestro impulso, y el cuerpo se va ausentando, en esta transferencia, de sí mismo, devolviéndonos entonces a la cuestión sobre el traspaso de poder social que, se halla ya reducido al poder del medio sobre nosotros y su capacidad creadora de socialidad, y no, del ser sobre el medio en su poder de re-crear a la sociedad que lo integra. El bloqueo de la libre fluctuación de la energía, tal como se ve en el Efecto Casimir, en los hombres, nos impide, focalizar la energía para la afección del otro, y así, para la construcción del ser, lo cual devienen en una presencia del hombre sobre la tierra que pasa desapercibida en su carácter creador, y sólo se entrevé en su actuar destructor, trayendo, como consecuencia el caos a niveles aún superiores; no obstante, no es el medio el que nos aprisiona, somos nosotros en la comodidad de la no-conciencia los que nos dejamos aprisionar, y no se le da la relevancia pertinente al encuentro, el cual, doblegamos a la mediación en cuanto ésta nos asegura una mayor ‘seguridad’ superflua del yo.

El afán por las respuestas es un asunto sobrevalorado, la condición, realmente importante, sería aquí el planteamiento de la pregunta indicada por el sentido, que nos permita obtener la conciencia de ser, y por ende, lograr un somero acercamiento a un indicio que pudiera conducirnos a una respuesta por el mismo. Empero, el ser en socialidad se desvirtúa y se convierte en un ente, que no se cuestiona, y sí cuestiona la cotidianidad del otro, pues realmente no se tiene un sujeto social, sino un fragmento mediatizado, pero no va más allá del inmediato presente cautivo dentro del gran ojo que todo lo ve, llámese Facebook, Hi5, Twitter, etc., y entonces, sin una aprehensión de mundo, sin una preguntar por el sentido del ser, ¿hacia dónde vamos como individuos? Cada vez nos llenaremos más de la nada que nos transforme en personas, y cada vez vivimos sólo por la misma costumbre de vivir, y en esto, la socialidad triunfa, y la sociedad del sin sentido, que por lo menos es consciente de su absurdo, se extingue, y si no tengo conciencia de mi propio ser, pues soy persona válida sólo al pertenecer a un círculo social, significa que no existo para más de 6.397.999.090 humanos, contando que por lo menos 90 personas sepan mi nombre, y creo que esa cifra aterra; ‘vivo’ entre más de seis mil millones de muertos, y, para más de seis mil millones, estoy muerto en tanto no haya un reconocimiento externo de mi yo, la socialidad me aniquila, y por esto, me alegra procurar ser individuo.



[1] El significado de Internet se tiende a confundir con la World Wide Web, el correo electrónico, el Messenger, entre otros diversos protocolos de comunicación, que son realmente quienes transmiten los contenidos a relacionarse con el navegante, pues el internet, como tal es la red técnica que posibilita la interconexión. Sin embargo, para abarcar la totalidad de servicios incluidos en esta tecnología comunicativa, nos referiremos a la Internet como el gran medio de encuentro virtual.

[2]Diferenciemos aquí sociedad de socialidad, pues la primera es el dominio bajo el cual los individuos comparten y se encuentran circunscritos por una misma cultura, y un mismo tejido económico, racional, dentro de la cual el individuo interactúa y lo fortalece, dándole sentido; mientras, la socialidad, es el conjunto de encuentros fugaces, de intercambio de sentimientos y creencias populares, de la cotidianidad de las personas. Cabría decir que el individuo es el centro sociológico de la modernidad, y se entiende diferente de los demás individuos, único en su carácter, mientras las personas no existen si no se encuentran en relación, si no pertenece a un círculo de encuentro social, una persona como tal no tienen valor.

[3] Smith A. Marc, Comunidades en el Ciberespacio, Editorial UOC, 2003.

[4] Heidegger M., Ser y Tiempo, Traducción de José Eduardo Rivera, Edición electrónica de www.philosophia.cl, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, Pág. 35.

[5] La intención como direccionalidad, donde no es la intención del ser, sino el ser de la intención lo que tendría valor y sentido. Bech Josep M., De Husserl a Heidegger: la transformación del pensamiento fenomenológico. Ediciones Universidad de Barcelona, 2001.

[6] Camus A., El mito de Sísifo: ensayo sobre el absurdo, Editorial Losada S.A., Buenos Aires. 2007

[7] Al respecto Jean P. Sartre expone que “pienso, luego soy”, pero sólo a través del reconocimiento de mi propio pensamiento, sólo al darme cuenta de esa captación es posible que sea, y, a partir de esa reflexión individual, es posible pasar a un discernimiento del otro, pero, en este caso, donde esa autoconciencia es nula, la percepción del otro se vislumbra fragmentada y descontextualizada, y en ello nos reducimos a objetos residuales del medio, a cosas.

[8] Thibodeau G.; Patton K.; Howard K., Estructura y función del cuerpo humano, Elsevier España Editores, 1998.

[9] Milton K.A, The Casimir effect: physical manifestations of zero-point energy, Chapter 2: Casimir Force Between Parallel Plates. World Scientific, 2001.

[10] Es honesto aclarar que nos planteamos el encuentro desde la concepción de Spinoza, en tanto, el encuentro es ese espacio donde se produce la afección al otro, lo cual implica un contacto directo, y comprendemos el cuerpo en tanto es modificado por otro cuerpo modificante. Spinoza, Baruch. Ética demostrada según el orden geométrico. Definiciones 3 y 5. Edición Orbis Hyspamerica, 1980.

Wednesday, September 2, 2009

BREVE DISQUISICIÓN SOBRE EL ACTO DE PENSAR y los sueños

Por Julián Soria

Acabo de despertar. Son las tres y 25 de la tarde y me siento intranquilo. Cuánto he dormido? Creo que algo más de hora y media. Por fortuna no he soñado, o si lo hice no recuerdo cosa alguna. Muchos sabrán que dormir en las tardes o después de las seis de la mañana es de lo mejor. Muchos dirán que dormir a cualquier hora es de lo mejor. Otros dirán que vegetar es de lo mejor. A otros tantos no les importará. A mí me tendría sin cuidado si no fuese por el hecho de que en las noches no puedo dormir; bueno, sí duermo pero no dejo de pensar. Suena extraño, ilógico e irreal pero estoy seguro de que sucede. En algún programa de Nathional Geografic dijeron que uno sigue aprendiendo en las noches lo que ha hecho en el día, o algo por el estilo. En mi caso hace tiempo que no aprendo algo. Bueno; algo que valga la pena. Acaso de qué me sirve escuchar ópera y aprenderme la letra? Tengo los implementos necesarios para aprender italiano y, creen que me interesa? Cuando sueño, en ocasiones la música está presente y tarareo la voz de los cantantes; hasta podría decir que diferencio voces de tenores… vaya uno a saber.
Hace unos meses dejé de leer en las noches —lo hacía hasta las dos o tres de la mañana—, debido a que mi vida se mezclaba con la de los personajes cuando soñaba, situación que me dejaba exhausto antes de despertar, y medio tonto en vigilia. De algo ha servido? Anoche duré aproximadamente cuatro o cinco horas, en tiempo de sueño que es distinto al tiempo de vigilia, soñando que escribía a ciertas personas y huía de las hormigas y las cucarachas. Salían de cualquier lugar mientras hablaba o conocía a una u otra persona. Recuerdo que en un momento dado bebía una gaseosa de pie en la acera frente a una tienda, mirando un río de hormigas que parecían buscarme; dejé la botella por unos segundos sobre unos ladrillos o una mesa para mirar si también venían las cucarachas. Cuando fui a recogerla un hombre bebía de ella mientras me sonreía con una confianza que me escandalizó. Qué hacer en ese caso? No pasé de sentirme como un imbécil y seguirle la corriente; intercambié unas palabras y me largué. Ese mundo parecía un fragmento de la novela "Herzog" escrita por Saul Bellow.
En otro momento, soñé que era un asesino. Mataba a un montón de gente antes de sentirme vencido, unos minutos después de encontrarme en una habitación a X mujer atractiva. Sabía que iba a morir y le dije que se desnudara. Sin réplica lo hizo y comenzó a acercarse; en serio que me sentí mal porque sabía que el tiempo no me alcanzaba para estar con ella. Cuando la tenía a unos centímetros de mí, desperté… o morí.
Son muchas, miles las experiencias por el estilo. Alguien ha leído "A sangre fría" en noches de silencio y soledad? Bueno, pues se pueden imaginar. Desafortunadamente no me pasó lo mismo con "Justine" de Sade, pues lo leí en el día.
¡¡Ahhhh Carajo!! Acaso no podré dormir un par de horas como lo aconsejan los Dioses médicos? Creo que en lugar de deshacerme de mis demonios, los estoy cultivando. Serviría de algo? Qué tan limpia de ideas o conocimientos malignos se debería tener la consciencia? Hace un par de años alguien me decía que me tenía miedo. Por qué?, le pregunté. Su respuesta fue que tenía miedo de mi comportamiento y de la forma en que hablaba. ¡Juajuajuajua… ¡¡Qué bestia!! ¡Si aquí todos somos asesinos potenciales!